Perú Blog 31

Perú, un sueño cumplido y un recuerdo imborrable.
Por: Carlos Leyva.
“El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero.
¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad
porque las tiene todas!”
Mario Vargas Llosa

Echar raíces en los lugares que vas visitando en tus viajes es siempre una posibilidad que puede asomar en cualquier instante. Cuando el fenómeno ocurre, sientes que te vas convirtiendo en una estatua de carne al tiempo que una intensa corriente muda de deseo y curiosidad corre por tus venas mineralizadas. Esta confusión fisiológica puede desencadenarse por motivos tan azarosos como insospechados: al doblar la esquina de una calle cualquiera, a raíz de un encuentro casual en un vagón de tren, al contemplar un monumento que te atrae sin que sepas muy bien porqué, al traspasar el umbral de un paisaje conmovedor, al sentir un buen sabor o un mejor olor a la mesa, al recordar vagamente una noche irrepetible… Las cosas del deseo son así de imprevistas.
Sin embargo, hay viajes en los que esa impresión furtiva se convierte, de repente, en una poderosa presencia in-material que sabes de antemano que te va a acompañar de por vida y así fue Perú, una mezcla de sabores, colores y culturas que unidos forman un país que maravilla a todos los que lo visitan. Durante poco más de una semana estuve, recorriendo este extraordinario país andino y disfrutando de sus inmensurables maravillas naturales, arquitectónicas y gastronómicas.
Nueve días se hacen cortos en Perú, sin embargo, vuelvo a casa con una diversidad de impresiones increíbles y con la sensación de haber experimentado uno de los países más fascinantes del mundo, de haber tenido experiencias únicas y de haber conocido a gente maravillosa.
El viaje lo empecé por la capital Lima, llamada “Ciudad de los Reyes” por sus fundadores, urbe pujante y cosmopolita a orillas del océano Pacífico, asomada a unos sólidos acantilados que conforman la postal contemporánea de la ciudad. La verdad como amante de las ciudades grandes y en especial de las capitales, Lima me hechizo, por su modernidad, sus flores que dan color y alegría a las calles, edificios modernos y antiguos que basta mirarlos para empezar a imaginar las historias y las muchas leyendas que se han construido sobre la vida de sus habitantes, tiendas comerciales para todos los gustos y bolsillos, su gente que es tema aparte, los limeños amables y acogedores, siempre dispuestos a entablar una conversación con el visitante y poner sobre la mesa lo mejor y lo peor de su país. Y así, con el placer de hablar, como viajero empiezo a acostumbrarme a esta dimensión del lenguaje, a la musicalidad de un español que se habla sin rudezas, con mucho halago, de manera atrayente que me recuerda al acento de las personas de mi querida Bogotá. Lima es una metrópoli con muchos matices y muchas lecturas una ciudad de cara al mar, con atardeceres estupendos, y esos lugares mágicos que hacen de esta una capital como pocas.
Mi marcha continua hacia Cusco o Cuzco (las dos están bien) ciudad turística de Perú a 3.399 metros de altura sobre el nivel del mar. Si bien es cierto que debe uno tener precaución para no padecer del mal de altura o “Soroche” como lo llaman los cusqueños, quienes vivimos en sitios como Bogotá es más difícil que tengamos alguna molestia porque nuestro cuerpo esta acostumbrado a ello, quienes pueden padecer más de esta situación son quienes viven lugares ubicados a nivel del mar. Lo que si es muy notorio es la tranquilidad con la que salen del avión la gran mayoría de los pasajeros y llama mucho la atención porque generalmente la gente sale corriendo como en estampida de los aviones y a veces resulta hasta molesto.
Desde que bajas del avión encuentras canastas o recipientes con hojas de coca fresca o seca para que comiencen a masticarla quienes son nuevos en la ciudad, lo que no les dicen es que no deben tragarlas porque les puede provocar malestar estomacal, así que tomen en cuenta este consejo si nunca han visitado Cusco. En todos los hoteles y restaurantes de esta ciudad encontrarán el té y desde su llegada les estarán ofreciendo esta bebida.
La milenaria ciudad del Cusco (Qosqo), la antigua capital del Imperio Inca, es una de las más connotadas ciudades del mundo antiguo. Actualmente se constituye un destino infaltable para los turistas. Es una ciudad además de rica en historia y con una de las arquitecturas más hermosas que he visto en mi vida, es también una ciudad muy interesante para conocer de cerca la gastronomía peruana, porque aquí encontrarán ingredientes y platillos de la cocina tradicional, una combinación que la enriquece y la hace aun más divertida, un sitio que merece al menos tres días de viaje para poder disfrutarla y conocerla como se merece.
La mejor forma de conocer Cusco es caminando, salir a recorrer sus calles que suben y bajan permite ir sintiendo la magia que al pasar de los años aún conserva, pobladores que hoy se mezclan entre razas y culturas, muros incas que nos hablan de quienes ahí han habitado dejando sus huellas en la construcción de cada una de las etapas por las que a pasado esta ciudad. Piedras cortadas de forma tan perfecta que cada una encaja con la otra sin necesidad de cemento, o esas terrazas y balcones finamente labrados en madera que llenan de color y adornan la Plaza de Armas y sus calles aledañas, el placer se vive despacio, sin prisas, ya no por fuerza de acostumbrarnos a la altura, sino por el simple gozo.
Aunque el tiempo pasa lento en Cusco, los días parecían irse como agua entre las manos y yo todavía tenia mucho que preguntar y conocer de lo que fue la capital del imperio Inca, recorrer más sus calles estrechas y sentarme al abrigo de ese cedro por las mañanas. Pero así es cuando uno visita un lugar lleno de magia, nunca es suficiente, y solo nos deja con la tarea de abrir un espacio en la agenda para regresar.
Pero bien, el viaje continua y todavía hacían falta sitios mágicos e históricos. El viaje en bus desde Cusco a través del Valle Sagrado presenta un paisaje espectacular, las ciudades se caracterizan por empedradas y caminos de tierra y casas de adobe mezclándose con los brillantes vestidos tradicionales que lucen con orgullo los lugareños. Nuestra primera parada fue Pisac, a 32 km al norte de Cuzco. El paisaje que nos acompañaba era precioso, nos adentrábamos por el Valle Sagrado de los Incas. Las ruinas incaicas de esta población son las más impresionantes de la zona. Se encuentran a 10 km del pueblo, a 600 metros sobre el nivel del mismo. Están encaramadas en lo alto de una colina muy alta, flanqueadas por dos barrancos y rodeadas de innumerables sembrados que le hacen de falda a rayas. Los incas usaban estas terrazas escalonadas para poder tener más cultivos y de mayor variedad. De hecho, Pisac tiene la estructura básica de ciudad inca, que consta de varios núcleos dispersos por la cresta de las colinas, con bancales, casas y templos de piedra. Pisac era una hacienda que pertenecía al inca Pachacútec el mas conocido de todos.
Vistamos Moray su sitio arqueológico, formado por terrazas de cultivo. Terrazas que no se dedicaban a la explotación, sino a la investigación agrícola. Algo así como un centro de investigaciones científicas a nivel agrícola. Un laboratorio invernadero gigante y al aire libre.
El guía nos va explicando los entresijos. Es increíble que cada terraza supone una diferencia de 1 ºC de temperatura. Así, en la parte más baja la temperatura es unos 10-15 ºC más alta que en la parte superior, esto lo vamos notando en cuanto bajamos!. De esta forma, investigaban los cultivos de plantaciones de diversos hábitats. Una gran obra de ingeniería agrícola, muy adelantada para su época, en torno al año 1300.
De Moray nos dirigirnos hacia las salineras de Moray, los paisajes son alucinantes. Las salineras pertenecen a la comunidad indígena de Moray, y están en continuo crecimiento, ya que cada miembro de la comunidad tiene derecho a un pozo propio cuando cumple 18 años.

En el camino a uno de los otros pueblos más famosos del Valle Sagrado, Ollantaytambo, se pasa varios pueblos pequeños como Coya, Lamay y Calca. La tierra está marcada por pequeñas parcelas de subsistencia bien cuidados que pertenecen a familias de la zona, que crean un bello mosaico a lo largo del campo.
Ollantaytambo es el único en que muchos de sus edificios descansan sobre bases incas originales, lo que significa que es la única ciudad ocupada aun conservando su urbanismo inca originales. Fortaleza de Ollantaytambo también cuenta con una distinción especial, ya que era el único bastión inca que han resistido con éxito el ataque español. Es grande y conservado. La historia cuenta que miles de hombres transportan piedras a través del río Urubamba para construir la fortaleza, la intención de proteger la entrada estratégica para la parte baja del valle. Fredy nuestro guía cuenta con tanta profesionalidad y pasión cada historia de los templos que sin importar el idioma en que explica cada cosa los turistas quedamos maravillados.
Extasiado con tanta riqueza de esta país me dirijo a Chincheros un pequeño pueblo en la cima de un cerro a 3.600 metros de altura sobre el nivel del mar, a tan solo 40 minutos al Noreste de Cusco, que con su iglesia colonial, ruinas, pintorescos paisajes y lo mejor de todo… la mujer chincherina que con su simpleza, inocencia, creencias, costumbres y singular simpatía me robaron más de una sonrisa y suspiros de amistad.
Una parada infaltable para conocer la riqueza de Perú es el Lago Titicaca o (Titikaka en quechua) es el lago navegable más alto del mundo, más de 3800 metros. Está ubicado en un altiplano entre Perú y Bolivia. El lago es tan grande que se necesitan 7 días en barco para atravesarlo.
Llegados al puerto nos subieron a un pequeño barco. Nos encaminamos rumbo a las Islas de los Uros atravesando un paisaje lleno de totoras, unas plantas típicas del lago. Tras menos de una hora llegamos a la primera isla de los Uros. Desembarcamos y aquí un Uro nos explicó en una forma muy simpática como se construyen las islas. Los Uros son isleños nómadas. Anclan las islas donde quieren y cuando se cansan del sitio se mueven como si fueran barcos. Las islas están hechas de totora y cuerdas al igual que las casas. Esta alfombra de totoras tiene un espesor aproximado de unos 50 cm. Es una forma totalmente distinta de vivir.
Después de la explicación mi amiga Kely una niña Ura me llevó a visitar su casa. Era muy pequeña. Cabía una cama y poco más. Después de la corta visita nos enseñó su artesanía. Muy linda, la verdad. Aunque a veces nos sentimos como si para ellos fuésemos sólo un negocio y no nos ven como alguien que realmente quiere compartir y conocer, sin molestar, su mundo. Para ayudar compramos algo. Es aconsejable comprarle algo en lugar de regalarle dinero. Al final nos subimos en un barco para turistas hecho de totoras que nos transportó a otra isla más grande. La sensación de caminar en una superficie que se hunde es muy graciosa. En esta isla tenían una escuela, tiendas, etc. Nos despedimos de los Uros. Nos sorprendió el buen sentido del humor que tenían y la amabilidad.
Después me dirigí a la Isla de Taquile llegados a la isla empezamos a subir un camino de piedra que nos llevaba hasta el pueblo que estaba a unos 4000 metros de altura. Nuestras mágicas hojitas de coca nos ayudaron a subir sin sufrir mucho. Al llegar compartimos un delicioso almuerzo y compartimos Colombianos, Españoles, Belgas, Húngaros, Británicos, Estadounidenses, Japoneses etc. Fue un intercambió cultural enriquecedor y se hicieron amigos de viaje. Los paisajes y la gastronomía de los “Taquileños” es uno de lo que mas disfrute en el viaje, las costumbres y atuendos hace sentirte orgulloso de ser latinoamericano.
Con mucha ansiedad voy para mi siguiente destino Machu Picchu, agarro el tren para Aguas Calientes un pequeño pero acogedor pueblo con mucho movimiento de turistas, que se concentran en las pocas calles del lugar y llenan los restaurantes, bares, pizerias y pubs. Me espera Agustín mi guía que me va a llevar a cumplir el sueño de conocer Machu Picchu, lo empiezo a bombardear con preguntas y quedamos de vernos a las 4:30 am para conocer lo que quizá mas me ha maravillado en los viajes que he disfrutado.
Me levanto sin sueño a las 3:00 am pensando que se me hizo tarde y que no voy a poder ver el amanecer en Machu Picchu, cuando miro mi reloj y veo la hora, me tranquilizo e intento dormir un poco mas, intento fallido ya que la ansias me ganan. Ya listo bajo a la recepción y amigablemente el personal del hotel me tiene listo mi bolsa del desayuno (un jugo de naranja en caja, una barra de cereal, un banano y una granadilla) manjar de dioses.
Salgo del hotel a las 4:00 am y a mi sorpresa ya hay una cola de 15 personas la mayoría de ellos asiáticos y europeos, sin importar el frio hago fila y espero que llegue el primer bus que suba a Machu Picchu, a los 10 minutos llega Agustín mi guía, hablamos un poco y finalmente subimos al bus. Mientras que subimos veo la majestuosidad de las montañas escondidas en la neblina de la mañana y entiendo porque Machu Picchu es un imperio perdido que le costo tanto a los españoles llegar, invadir y acabar. Cuando llego a la entrada veo que hay personas lavadas en sudor que llegan a pie, en su mayoría “backpackers” que les gusta este tipo de turismo de aventura. Por lo que veo no soy el único ansioso ya que al intercambiar unas palabras con otras personas te das cuenta de lo que es Machu Picchu para el mundo. Abren las puertas y me dirijo feliz a mis destino soñado.
He dedicado parte mi vida a recorrer los rincones más hermosos del planeta tierra, aún me faltan muchos. Dentro de mis destinos, Machu Picchu fue siempre un sueño, tan bien guardado como esta ciudad. Con cada peldaño que escalé para llegar a esa majestuosa cima, de piedras secretas, de rocas cortadas y cargadas de historia, sentí las memorias de un pueblo que lo dejó todo por esas hermosas tierras. Vi las lanzas, los tambores, las sonrisas incaicas en la cima del mundo, la construcción más escondida de todas: Machu Picchu.
Al poner un pie en este territorio, uno tiende a embobarse; a quedar impresionado, y comienza, lentamente, a mimetizarse en el lugar. Esto pasa al ver las murallas suavizadas por las manos de miles de trabajadores, de aldeanos, que recorrieron cientos de kilómetros por el camino del Inca, portando las rocas que hoy siguen manteniendo la ciudad en pie. Las iluminadas cumbres que rodean la ciudad, que parecen nunca terminar, que penetran el cielo mismo, decoran el paisaje que tiene las nubes más lindas que he visto en mi vida. Una ráfaga de viento, te vuelve a aterrizar a tu lugar. Pero poco tiempo pasa para que uno vuelva a viajar en la historia, se sorprenda ante lo imponente de la montaña Huayna Picchu, que escuda la ciudad. O se asombre con los andenes, cientos de cultivos entre gradas de piedra, pendientes infinitas, en esta hermosa ciudad perdida.
Y tenían razón, la ciudad sagrada de los incas es mágica: su paisaje impacta, es una de las Siete Maravillas del Mundo y basta acercar las manos a uno de sus monolitos para sentir calor de pie a cabeza.
Maravillado con lo que ven mis ojos y si poder creer en el sitio donde estoy me dirijo a la Intihuatana, un gran monolito tallado en piedra, cuyo nombre en quechua significa “lugar donde se amarra el sol”. Se trata de uno de los puntos de mayor importancia dentro de Machu Picchu que, por mucho tiempo, los arqueólogos han creído que fue un reloj solar. Lo cierto es que los ángulos de la piedra apuntan a los cuatro puntos cardinales, más precisamente hacia el cerro Huayna Picchu y el nevado Salcantay, de norte a sur, y de este a oeste a los nevados Huacay Huillca, por donde sale el sol durante el equinoccio, y el cerro San Miguel, donde se ha encontrado una plataforma inca. Según el antropólogo estadounidense Johan Reinhard, el uso del Intihuatana debió estar relacionado con la observación astronómica y las fuerzas cósmicas. Quizás por ello, los turistas solían poner sus manos sobre la gran piedra con los ojos cerrados para cargarse de energía, antes que fuera cercado con un cordón.
Cuando colocas tus manos, se siente frío. Pero si las elevas un poco sobre la piedra y eres capaz de que tu mente se ponga en blanco, sentirás calor en tus manos y una sensación de cosquilleo subirá a tus brazos.

La periodista y viajera peruana María Luisa del Río, autora del libro Cusco Bizarro da en el clavo cuando resume muy oportunamente el concepto de energía y espiritualidad de la siguiente manera: “la historia de los incas conmueve y sorprende por su grandeza. Machu Picchu es el clímax de esa experiencia. La energía supongo que la da el sol, ese sol tan fuerte que fue concebido como dios por los incas, ese sol que hace ver los colores más intensos y la vida más feliz. Cusco tiene magia, sin duda, pero es la magia que generan miles de personas con ánimo de fiesta, con ansias de sentirse vivas, con ganas de conectar con un mundo antiguo y ciertamente misterioso.

Sin duda alguna se siente algo especial, por mi parte sentí una felicidad que con palabras es difícil de describir, sientes tranquilidad y paz como si la mismísima Pachamama te abrazara, piensas en tu familia que ojala pudiera estar acá contigo disfrutando este paisaje. Cuando puedan ir a Machu Picchu vayan con la mente abierta sin pensar en religiones, prejuicios o miedos déjense llevar por lo que es este espectáculo y les aseguro que será una de las experiencias mas enriquecedoras de sus vidas.

Sin duda, mi corazón se quedó en Perú. Cuando pienso en este país no puedo evitar pensar en la familia, la espiritualidad, la gratitud y el amor. Es un país que hizo conectarme de nuevo con lo sagrado y apreciar nuestras culturas ancestrales como latinos que somos y aprender de la sabiduría de los indígenas.
Perú es un lugar lleno de magia en cada rincón. Regresaré…

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